
Era ese último verano que la sociedad te permite disfrutar sin trabajar. El verano entre escuela superior y universidad. Todavía Y2K era inminente, escuchar reggae estaba de moda y fumar yerba era lo más cool del mundo.
Pa' esa época una de las cosas más nítidas pa' hacer después de fumar era ver "Fear & Loathing in Las Vegas", una película sobre dos hijueputas metiéndose cuanta droga existe y manufacturando cricales simultáneamente. A nosotros nos tripiaba porque ajá, salía el uso de drogas; y las drogas tripiaban, ¡yeah!
Además, a mi me tripiaba ver películas porque, siendo yo un persiau' crónico, era una de las pocas actividades que me garantizaban sano entretenimiento sin irme en viajes estúpidos.
El punto es que, siendo boricuas, se nos hinchaba el corazón viendo a un compatriota metiéndose drogas con Johnny Depp en la pantalla grande. Aunque fuese todo fantasía. ¡Qué se joda! Un puertorriqueño se encontraba triunfando en Hollywood y eso amerita admiración.
A lo que quiero llegar es a que eramos los más mamones de Benicio. Particularmente yo, que no solamente podía recitar su filmografía, sino que también conocía el tipo de actor que era. Atacaba sus papeles con investigación rigurosa para después meterle a actuación de método. En este tipo de actuación, los actores se viven sus roles de una manera tan profunda que pueden experimentar emociones y pensamientos que el personaje en sí podría sentir o pensar. ¿Ya dije que me esperaba un bachillerato en teatro?
Pues anyways, un gran día me encontraba con Robert. En su carro, pero yo guiándolo. Teníamos pasto y un Phillie, pero yo era un desastre enrolando, so Robert decidió permitirme guiar su Toyota para él preparar el aparato mientras yo manejaba.
De repente, recibo una llamada a mi celular de MoviStar. Era Berto:
"Ma'bicho, caile a Ocean (Park), estamos aquí con Benicio Del Toro. Traite un saco"
Berto siempre había dicho que él era "panita" de Benicio. Whatever, nunca le creímos nada a ese cabrón. Berto era ese pana a quien siempre había que estar diciéndole "mera pasa eso cabrón", porque si no, se fuma toa' la yerba y "pal' carajo los demás". Además, nunca tenía chavos pal' caballo. Si algún día sí ponía dinero alante, te los pedía al otro día. Olvídate, el tipo era un mamabicho a quien no se le podía dejar pasar una. Pero algo en su manera de exigirme marijuana me hizo confiar en él.
"Cabrón tengo un Phillie enrolau' ya. Redi pa' prenderse. Nos vemos en 10."
Mirando hacia atrás, me sorprende que no me haya puesto nervioso. Creo que lo vi más como un "fumar con un panita nuevo" que "conocer un fucking héroe triunfoso, y fumar con él". No sé. Quizá la demencia que ocurriría después abrumó mis recuerdos de aquel día.
Pues llegamos.
Lo primero que me impresionó fue la altura de Benicio. Ese cabrón debe medir como 6'4 o algo así. Lo segundo que me impresionó fue lo reservado que era. Por lo menos aquel día, me pareció super atento a lo que cada uno de nosotros decía. El problema era ESE precisamente. Lo que le estábamos diciendo. Por alguna razón, todo el mundo se sentía obligado a hablar de drogas. Quizá por el hecho de que sospechábamos que Benicio era usuario de sustancias controladas, creíamos el mito de que "Depp y Del Toro estaban super fucking locos cuando hicieron Fear & Loathing, obvio; era la única manera de envolverse tan bien en esos personajes. OBVIO". Olvídate, Johnny Depp y Benicio Del Toro: el dúo dinámico de la actuación de método.
En fin, para nosotros Benicio era parte del corillo. Hasta su vestimenta era similar a la nuestra. Tenía una camisa vieja y una gorra que parecía sacada del piso de una pocilga. Otro boricua más que le gustaba coger nota.
Estábamos debajo de una palma ahí. Nos debemos haber visto bien nebulosos, puñeta. Cinco chamacos, tres universitarios, más Robert y yo; cuasi-prepas, janguiando con Benicio en la playa. No había tan siquiera un trajebaño, una sillita de playa o una neverita. ¡Es más! Ni siquiera estábamos sentados mano. To' el mundo de pié, haciéndo un círculo. Lo único que faltaba era un letrero que dijera "estamos aquí fumando yerba con Benicio Del Toro". . . Pensándolo bien; sí, queríamos lucirnos frente a to' los jodios bañistas de Ocean Park. ¡Qué todo el mundo se entere que estamos con este cabrón, yeah!
Una vez se formó bien el círculo, Robert sacó el Phillie y encendió esa pendejá. Mientras pasaban el bate, todo el mundo se tomaba turnos narrando sus historias de algaretismos relacionados a drogas. Recuérdate, ésta fue la época de los Raves en Puerto Rico. La época cuando las rolas (ecstacy), el ácido y el Special K (anestecia de caballo) reinaron la vida nocturna de este país triunfoso.
Por fin llega el Phillie a las manos de Benicio. Y mientras escucha algún algarete droguístico, lo puso en su boca e inhaló, exhalando casi instantáneamente. Casi como si estuviese haciendo aguaje. Al terminar, intentó pasar el Phillie a Berto, quien estaba a su derecha. Berto, siendo el mamón que es, exhortó a que Benicio fumara más, "fuma, fuma ahí tranquilo loco". En este grupo de fumadores era mandatorio que cada persona se diera 2 cachás cada vez que le llegue el bate. El actor no tuvo más remedio que volver a ponerse el Phillie en la boca y tirarse otra cachaíta de cartón. Me pareció curioso su estilo de fumar, pero piché y seguí disfrutándome las historietas de estos cabrones. Aparentemente yo era el único que me estaba yendo en ese viaje de que Benicio no estaba fumando de verdad.
Pasó como un minuto y me llega el Phillie por segunda vez. Parece que inhalé muy fuerte o algo porque comencé a toser nasty. Los ojos como que se brotaron y hasta lágrimas salieron. Mientras seguía tosiendo, pasé el Phillie sin darme la segunda cachá de aquel round. Aparentemente estuve tosiendo un buen rato porque cuando terminé y me enderecé, ya el Phillie estaba en manos de Benicio nuevamente. Con los ojos brotau' y la nota encendía, me dediqué a observar a Benicio.
Cuando vi lo que hizo con el Phillie, me convencí, sin lugar a dudas, de que este cabrón nos estaba cogiendo de pendejos. No estaba fumando de verdá. Inhalaba suavemente, dejaba el humo dentro de sus cachetes, y lo botaba al instante. Más nadie estaba al tanto de la estafa que ocurría, cada cual se encontraba envuelto diciendo o escuchando historias de drogas.
Yo permanecí callado, pensando; tratando de entender el por qué de la situación. ¿Por qué alguien como Benicio Del Toro, una reverencia para todo joven usuario de drogas, necesitaba estar con nosotros? No sólo eso. ¿Cuál era la necesidad de hacerse el que estaba fumando cuando la realidad era otra? Cualquiera diría que este cabrón quería infiltrar nuestro corillo . . .
Exacto.
Le di vueltas a la situación y todo me hizo sentido.
Era obvio que Benicio Del Toro usaba drogas. ¡Carajo! ¡Estamos hablando de un tipo que se metió drogas con Johnny Depp! Además, tenía ojeras y usaba trucker-hats. Olvídate, en mi mente este tipo era un fucking tecato, y la evidencia era abundante.
Pues mano, mi imaginación decidió ponerse a inventar. Chequea: A Benicio, dado a su evidente, desmedido y contínuo uso de drogas, fue atrapado por las autoridades. Esto pudo haber sucedido en Hollywood o aquí mismo, en Puerto Rico. Pudo haber sido por posesión de perico o manteca. Whatever, esos detalles no eran tan relevantes pa' mi.
Anyways, siendo él una persona famosa y de renombre, Benicio logró llegar a un acuerdo con las autoridades. Logró negociar su libertad a cambio de convertirse en un informant para la policía. Yo hasta lo podía ver en el famoso cuarto de interrogación. Sentado. Fumandose un cigarrillo y hablándole a uno desos espejos que realmente son ventanas. Con un tonito condescendiente:
-Caballeros, caballeros. ¿Qué lograrán ustedes con mi arresto? ¿La satisfacción de verme mañana en primera plana? ¿Decirle a sus familiares y amigos 'yo atrapé a Benicio Del Toro puñeta'? ¿Una placa otorgada por Pedro Toledo? ¡Por favor! Consideren esto . . . ¿Qué les parecería a ustedes si yo les dijera que les puedo conseguir múltiples arrestos? Puedo convertirme en un INFORMANT fácilmente. ¡Qué diantres! Si ya tengo la destreza clave para convertirme en el infiltrador más efectivo de todos los tiempos: la actuación. Un arte que ya domino. Además, soy idolatrado por los jóvenes usuarios de drogas; fácilmente podré infiltrar alguna ganga de maliantes usuarios de drogas.
Al Benicio terminar de decir esto, coloca el cigarrillo en su boca e inhala profundamente mientras sonríe. Disfrutándose el tabaco, casi felicitándose él mismo por esa contra-oferta que le acababa de hacer a las autoridades. Estaba seguro de lo que sucedería en un momento.
No había terminado de botar el humo de aquella jalá, cuando entra un policía al cuarto de interrogación y le da la mano a Benicio. "Gracias por su cooperación señor Del Toro, estoy seguro que lograremos mucho por Puerto Rico".
Estaba convencido de que esa escena había ocurrido. El hecho de que Benicio fuese un encubierto me explicaba la atención que prestaba cuando hablábamos, el interés que mostraba, el silencio que guardaba y puñeta, el hecho de que no estaba fumando de verdá.
Estos cabrones seguían hablando y hablando. De drogas, dónde la compraban y qué se metían. Básicamente botando nuestra libertad por la ventana, palabra por palabra. Yo trataba de decirles -"Cállense"- con la mirada, pero ni me miraban los imbéciles. Todos miraban a Benicio mientras él escuchaba a otro. Era algo bien loco. Yo también lo miraba, preguntándome: ¿Dónde tendrá el micrófono? ¿Tendrá grabadora el cabrón éste?
El Phillie vuelve a mi por tercera vez, me doy mis dos cachás y se lo paso a Robert. "Vámonos pal' carajo", le digo entre dientes. Robert se dió una última cachá, pasó el Phillie pa' alante y nos fuimos del círculo pal' carajo. Cuando nos alejamos lo suficiente del grupo, a Robert le da por hablar. No me había dado cuenta de lo encojonau' que estaba:
¿Sabes por qué no tengo problema con irme pal' carajo de allí verdá? Número uno, ya ese (Phillie) Blunt no volvía pa' un cuarto round. ¡Claro que no! Si este Berto es un josiador nasty. ¿Quién carajo se cree él, ofreciéndole cachás extra a to' el mundo? Sea a Benicio o a Roselló: si no pusiste chavos pal' pasto, mamabicho no andes por ahí cantándoselas a to' el mundo. Número dos, ya me estaba jartando de estos cabrones y sus cuentos de que son los más locos--
Decidí interrumpir:
--Número tres, Benicio es un fucking encubierto.
Robert puso cara de "estoy tan y tan arrebatau' que no entiendo lo que está sucediendo . . . explícame más por favor". Proseguí por presentarle toda la evidencia a Robert: que a Benicio lo habían detenido las autoridades, que negoció su libertad a cambio de varios arrestos y que esa era la razón por su detenida atención hacia lo que decíamos (que siempre era información de drogas, valiosa para las autoridades anti-drogas). Dejé el detalle de que Benicio no estaba fumando de verdad para el final. A lo cual Robert me contestó con un: "¿Verdá que no cabrón? Acho yo como que me di cuenta pero piché. Pensé que estaba en un viaje".
Ya cuando nos montamos en el carro de Robert, ambos estábamos seguros de que nos habíamos escapado de las garras de la justicia. La evidencia era contundente, yo estaba convencido de que Benicio era una especie de encubierto. Estaba agradecido de que mi astucia pudo más que el actor, permitiéndome darme cuenta de la estafa que se llevaba a cabo. Bajamos revoluciones y nos fuimos a fumar más.
* * *
Pasó el verano y ningún arresto se llevó a cabo. Berto y sus secuaces siguieron dando tumbos por ahí, josiándole yerba al prójimo. Robert y yo nunca hablamos de lo ridículo que fue mi viaje ni de lo fácil que se me hizo convencerlo del mismo. Mirando hacia atrás, es posible que Benicio sí haya fumado. Mi paranoia me hacía ver cosas que quizá no eran reales. Por eso ya no fumo. Esa pendejá me pone bien anormal.
Anyways, como un año después de lo acontecido salió una pequeña película llamada TRAFFIC. La película ganó cuatro óscares. "Mejor actor de reparto" fue uno de ellos. Otorgado a Benicio Del Toro por su muy convincente papel de un policía mexicano con la misión de detener el tráfico de drogas.
Damas y caballeros, ESO es actuación del método.