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Monday, September 28, 2009

Hipnosis para Chingar

La pendejá es que al principio, yo insistí en que él me hipnotizara. El doctor no quería hacerlo, pero lo jodí tanto y tanto que el no tuvo más remedio.

Había visto una charla del Dr. Ortega. El argumentaba que tenía el poder de crear cualquier imagen en una (imagen) seductora. No es que el cambiaba la imagen, más bien la percepción humana sobre la imagen. Ver connotaciones sexuales donde no las habían. El Dr. Ortega, en algún punto de su charla, hasta reclamó poder hipnotizar a alguien para ver acercamientos sexuales en donde estos no existían.

Fucking cool. Pensé.

Yo me había topado con esta charla por accidente. Hace poco conseguí trabajo en el hotel y había cogido la mala costumbre de meterme en los salones de actividades a rasparme puñetas. Me excitaba el hecho de rasparme una puñeta en un salón tan espacioso. Siempre lo hacía mientras miraba una mesa o algo.

Pues ese día entré y este cabrón me dejó fascinado. Explicaba como él podía hacer que una persona se pusiese bellaco con cualquier expresión que haga alguien del sexo opuesto. Mencionó palabras como "neurotransmisores" y eso confirmó en mi que este tipo sabía de lo que hablaba. Todo dependía de la “percepción natural” de la persona. El Dr. Ortega continuó mostrando pietaje de un experimento que condujo en el 2005. Lo hizo en un laboratorio, en un ambiente controlado. Utilizó a un niño de 10 años, al cual entiendo tuvieron que apuñalar al final del experimento porque se fue algarete por ahí sacándose el bicho. Siempre lo tenía bien parau’.

Yo me enfiebré bien duro. “¡Imagínate eso! Ponerte bellaco con la imagen de una panda o algo.” Algo así era mi viaje. Yo quería estar excitado todo el tiempo. Cuando una mujer me sonriera, el Doctor argumenteba que uno podía visualizar el bicho de uno dentro de esa boca. ¿Un bicho dentro de una boca sonriente? ¿Qué más se puede exigir? BRUTAL. Olvídate yo no podía esperar. Yo pensaba que sería algo como “virtual reality” o algo así. Me iba a poder clavar a todas las mujeres del universo con tan solo mirarlas. No tenía que ser ni en persona. Con tan solo mirar una foto, iba a poder visualizarme metiéndoles el puño en la boca hasta que vomiten.

Fucking melaza. Pensé.

El punto es que convencí al doctor pa’ que me hipnotize. Lo hizo gracias a mi iniciativa – le dije que mataría a su familia si no me hipnotizaba. Fui bien convincente bien cabrón. Anyways, ya yo me estaba babeando pensando en el momento en el cual me pueda raspar puñetas con meras memorias. ¡Iba a estar brutal”

Brinquemos a cuando me hipnotizó. Al doctor le entró una pendejá bien loca porque me estaba frotando el bicho. Yo no dije nada porque asumí que era todo parte del procedimiento. Se sentía incómodo con cojones y no se me paraba el bicho. Eso es bueno, porque comprobé que no soy pato . . . o que soy medio impotente. La cosa fue que el Dr. Ortega empezó a exigirme una erección.

Lo decía como susurrando. Bien cerca de mi oido. “Nerdote voy a necesitar que tengas esa pinga bien pará pa’ yo poder hipnotizarte papi”. ¿Papi? ¿Qué carajo estaba sucediendo? En verdad quería creerle al doctor. Quería que me hipnotizara. Quería tener “virtual reality sex” en todas partes. Pero tenía la pinga bien esmonguillá. Badtrip.

En ese momento tomé una decisión. Me levanté pal’ carajo de la silla esa y comencé a alejarme del doctor. El cabrón ya se estaba poniendo un condón en el bicho mientras decía: “espérate espérate que hay otra alternativa para la hipnosis”. “Áyaseal carajo” le contesté. “Y si dice algo de lo que acaba de suceder le prometo que fusilaré a su familia no me importa un carajo huelebicho” añadí.

Después de ese desagradable evento, me enteré de que el doctor tenía historial de “perrófilo” o algo así. Le gusta clavarse perros y eso. También aprendí que no tiene familia.

Yo sigo raspándome puñetas mientras observo mesas en salas de actividades desalojadas.