1. Todos tenemos inseguridades. Por eso, es imperativo que el hombre se esnúe primero. Así comunicas un "chequeate, ya yo estoy aquí en pelotas y tengo el bicho chiquito lo sé, pero que se joda, a mi lo que me interesa es complacerte a ti". Sacarte el bicho, desatas sus inhibiciones pal' carajo y es entonces cuando sabrás si puedes pasar al próximo paso.
Una vez estés en cuero, bájale la falda/el pantalón y pega a mamarle ese crico. Zambúyete ahí. Asfíxiate pal' carajo y visualiza el crico como "snorkel" pa' poder respirar. Embárrate pal' carajo de sus jugos criqueros. Si te dan ganas de besarla en la boca; procura utilizar el lado interior del muslo como tu servilleta personal. Límpiate bien chévere. Entonces bésala. Una vez termines, vuelve al crico y prosigue con la mamaera.

2. Quizá ella no tome la iniciativa de mamarte el bicho a ti. Toma las riendas de este problema colocando tu bicho en su cara. Si esta no se jampea tu bicho inmediátamente; no seguiste el paso "1." al pié de la letra. Estás haciendo algo mal. Pega a mamar de nuevo. Y métele entusiasmo a la pendejá.
Si con todo y eso ella no se inmuta, te recomiendo que intentes la posición 69. Al tu intentar esto estás comunicando lo siguiente: "Coño mija, yo estoy aquí lactándote el crico: haz algo por la patria, ¡jodia vaga!" Lo más seguro pegue a comerte el bicho.

3. ¡Procura no venirte cabrón! Eso sería un bajón. Literalmente. Aguanta la leche, que ahora le vas a introducir el bicho. Sugiero que empieces lento. Pa' durar y eso.

4. Después de un rato, sométele más vigosósamente al entra-y-sale. Si (ella) te envuelve con sus piernas, te felicito, lo estás haciendo bien.

5. Aguántate hasta que ella se venga. Este es el paso más difícil. Ya que los hombres llevamos toda una vida casquetiándonos; estamos psicológicamente predispuestos a venirnos. Casi como un gatillo. Las mujeres no. Algunas de esas cabronas pasan una vida entera sin saber lo que es un orgasmo. FAIL. Trata de conseguirles ese orgasmo. Si lo logras, toa' esta pendejá se repetirá. Y de gratis.
Gracias a PINGALÍN por las fotos.
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